miércoles, 16 de septiembre de 2015

Hagamos el amor

Ven, vamos a hacer el amor...
Vamos a desvestirnos.
Quítame este pesado temor
Y ayúdame a deslizar mis transparentes complejos,
Aprovechando para dejar entrever
La fina timidez que hoy para ti estreno.
Déjame despojarte de los prejuicios,
Desabotonar uno a uno tus miedos...
Vamos a quitarnos poco a poco
Éstas máscaras de ego,
Y con el alma ya desnuda...
Podremos juntos ser eternos.


martes, 11 de agosto de 2015

Raíces

Cuando la vida comienza, lo hace a partir de una pequeña célula: un óvulo, un espermatozoide... o una semilla.

¡Qué maravilloso es el hecho de que, desde una pequeñísima semilla, crece un gran árbol!
¿Nunca te has preguntado la cantidad de nutrientes y elementos que necesita la minúscula simiente para crecer y convertirse en un fornido roble? ¡El maravilloso milagro de la vida!
Y entonces, de lo blando y vulnerable, nace un tronco fuerte, rugoso, áspero, con ramas flexibles y resistentes, miles de hojas verdes, hermosas flores y coloridos frutos, dentro de los cuales dormitan más semillas listas para sumergirse en la preciada tierra y... ¡Crecer!

Igual nos sucede a los humanos, empezamos siendo una semillita aferrada al fértil vientre de nuestra madre, nutriéndonos de ella, y aún después de nacer y formar parte del mundo exterior, continuamos inmersos en ese proceso de alimentación, el cual no solo se refiere a los alimentos (comida), sino también a todo el proceso educativo y de formación personal que vamos desarrollando a lo largo de nuestra vida.

Para sustentar su enorme estructura vegetal, los árboles se mantiene adheridos al suelo a través de sus raíces, las cuales no solo utiliza para absorber los nutrientes necesarios para su crecimiento y sustento, sino que representan las base que los mantiene erguidos y firmes, de pie. Las personas, al igual que los árboles, también tenemos raíces: Nuestros principios, los cuales están representados por el conjunto de valores, creencias y normas a través de los cuales damos dirección y sentido a nuestra vida... Son todo aquello que tiene un valor inmenso para ti, aquello en lo que crees fervientemente  y que consideras sagrado, puro e inalterable.


Constantemente te encuentras generando nuevas ideas, pensamientos diversos, nuevos gustos, opiniones múltiples... Pero hay, algo que difícilmente cambia, que se mantiene inmutable en esencia, y que debes proteger con recelo: Tus raíces, las bases que sostienen la estructura de tu personalidad, que debes mantener siempre sólidas e inquebrantables. Jamás debes permitir que otros accedan a ellas y consigan invadir o alterar la esencia de aquello que te identifica. No debes permitirte negociar tus principios bajo ningún pretexto, pues estarías anulándolos, afectando tu autenticidad, y con ello tu autoestima. Eres el único responsable de esa médula original, y su cuidado efectivo se materializa cuando nutres tu ser a nivel espiritual y mental así como cuando se riega una planta: Desde la raíz.

¿Qué tiene valor para ti? ¿En qué crees o en qué no crees? ¿Cuáles son tus prioridades? ¿Cuáles máximas aplicas en tu día a día para orientarte y darle sentido a tus actuaciones?

Cuida tus raíces, defiéndelas... Son tus cimientos, que eres fuerte madera, tronco que nace de la tierra y sube hacia el cielo proyectando firmes ramas, caminos que vas tejiendo de y adornando de verdes hojas, florenciendo... Para luego dar al mundo perfumados frutos, cargados de semillas que, así como tú lo hiciste al inicio, se cobijarán en la madre tierra y se unirán al ciclo de la vida.




jueves, 30 de julio de 2015

Somos árboles

Durante siglos nos han servido de sombra, han tendido con nobleza sus frutos para alimentarnos, hemos cortado sus troncos para obtener la preciada madera con la que nos procuramos desde una simple hoja de papel hasta las viviendas que nos refugian. Pero más allá del provecho material que con alevosía obtenemos de ellos, los árboles nos ofrece a cada instante la sabiduría que nace en sus raíces, que sube por su preciada madera, serpentea en cada rama, cada brazo que proyecta al cielo, hasta llegar al verdeo de sus hojas, y perfumar el mundo de frutas y flores. Son cielo y tierra, nacen del suelo y crecen hacia el firmamento.

Personalmente, siento fascinación por los árboles desde pequeña, y estoy segura que mi madre me ha infundado tal amor y admiración hacia ellos... El arrullo de las hojas al compás del viento, las figuras que diseñan sus cortezas, tanta vida que albergan en su estructura, y la enorme importancia que tienen en nuestra vida... El pulmón de la naturaleza. Estoy convencida de que toda la sabiduría del mundo se encuentra contenida en cada obra del Universo.




"Porque después de todo he comprendido
  Por lo que el árbol tiene de florido
  Vive de lo que tiene sepultado" 





La última estrofa del poema Para recobrar, de Francisco Luis Bernárdez, me cautivó no solo por la hermosa metáfora con la que hace referencia a como "florecemos" y crecemos a través de la superación de nuestros fracasos o de aquello que nos debilitó en el pasado, sino a la maravillosa analogía que empezó a pasearse en mi cabeza: Somos árboles. Me gusta pensar que tiene sentido la comparación, y es por ello que dejándome llevar por mi lado subjetivo, me atrevo a decir que al igual que ellos, los humanos tenemos raíces, tronco, hojas y frutos:

Las raíces, son los principios, valores, creencias y normas bajo los cuales damos dirección y sentido a la vida; el tronco, nuestra personalidad, gustos, preferencias, virtudes, defectos y cualidades; las hojas, representadas por nuestras opiniones, criterios e ideas; y los frutos, que son todos aquellos proyectos, logros, acciones y aportes que ofrecemos al mundo. Más adelante detallaré el por qué existe relación en cada caso.

Espero que a través de mis líneas, pueda transmitir y compartir algo de la visión que tengo de nuestro contexto, de la importancia de recuperar la conexión con la naturaleza y con nosotros mismos... Que cada uno de nosotros es una nota importantísima en la pieza músical del verso único. Una sola composición, una sola vibración perfecta.

¡Saludos!